[NOTA PREVIA: Esto es sólo una copia de lo que se publica en las comunidades teatrales de Netlog.com, donde estamos haciendo la coordinación. Este blog lo empleo sólo como depósito.]
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Hay un montón de tipos de movimientos y organizaciones sociales.
Yo tengo tendencia a agruparlos en dos grandes bloques:
-- Los de tipo reivindicativo y de defensa de intereses comunes;
-- Los de tipo actividades comunes.
Los primeros englobarían a los sindicatos, asociaciones vecinales, de
consumidores, ecologistas, antimilitaristas, etc.
Los segundos a los clubes deportivos, artísticos, filatélicos,
numismáticos, de estudios concretos, etc.
Ciertamente, la frontera que separa a un bloque de otro a veces es
tremendamente imprecisa.
Es fácil para una organización del primer tipo disponer de secciones
del segundo. En sentido inverso, fue común durante décadas,
especialmente las del final del siglo XIX y principios del XX, que las
Sociedades Recreativas, Deportivas y Culturales fueran el centro del
pensamiento progresista de la época y motor de actividades
reivindicativas.
Si se crea un círculo de bellas artes al que se le bautiza "La
Fraternidad", o "El Progreso", o "La Libertad", nombres tan típicos de
aquellas décadas y de los que aún quedan algunos vestigios, ya se ve a
todas luces por dónde iban los tiros: clase media progresista con
algunos sectores obreros relativamente avanzados.
Por contra estaban los Casinos, también muy heridos de muerte por lo
común, que normalmente estaban concebidos para ser el centro de
reunión de la "gente bien" de la zona, aristócratas y alta burguesía
local.
Hoy en día la mayor parte de ellos sobreviven debido a que disponen de
locales y con apenas un bar o cantina en funcionamiento y algunas
partidas de dominó entre los socios, de tal modo que programar una
actividad cultural en ellos es con frecuencia todo un acontecimiento.
La vida tomó otros senderos y se crearon movimientos y organizaciones
sociales de marco superior al local.
Esos movimientos se fueron extendiendo, pero también conviviendo con
los otros, hasta aproximadamente la II Guerra Mundial.
Podemos convenir que el mundo capitalista modificó sustancialmente su
comportamiento después de ella: se introdujo la idea del mercado de
gran consumo, que incluía a las capas más humildes; la idea del ahorro
y de la financiación a través de las entidades bancarias; la de la
escolarización masiva de los niños de toda condición, a pesar de que
no siempre se cumpliera, etc. En resumen, se entró en una época de
gran sociedad de masas anónimas, donde los grupos de opinión y de
acción representamos tendencias, porcentajes y vectores sociográficos.
El asociacionismo tendió también hacia eso y arrojó hasta cierto punto
por la borda el esquema de la sociedad recreativa local donde todos se
conocen.
Puede que la asociación de vecinos local aún reproduzca algo de ese
esquema, especialmente en las barriadas y localidades chicas, pero con
tanta ciudad hoy en día donde los barrios alcanzan cada uno decenas de
miles de residentes, se impone la relación entre asociados anónimos.
De ese modo, las asociaciones del primer tipo en general son masivas.
Pero en las del segundo tipo aún perduran muchas de esas cualidades:
pequeños clubes culturales, deportivos, etc. donde todos o casi todos
se conocen.
Los clubes deportivos pueden tener suficientes categorías o deportes
distintos para "corporativizar" a la entidad.
(Sí, ahora cántenme loas al pequeño y familiar club, pero todo el mundo
sueña con el Real Madrid o el Barcelona.)
Por su parte, las sociedades teatrales aún permanecen por lo común en
un nivel primario de organización. Uno de nuestros problemas, por
tanto, es que aún no hemos alcanzado ni el nivel de organización
social de la década de los 30 del siglo XX y ya nos estamos acercando
a los años 30 del siglo XXI.
Así que nuestro ascenso para ponernos al día seguramente nos parecerá
un triple salto mortal hacia adelante. Pero bueno, las acrobacias ya
están incluidas en la mayoría de los planes de formación teatral del
mundo...
Hay que crear grandes, extensas, masivas asociaciones teatrales con
usuarios casi anónimos entre sí.
Sólo con esa mentalidad podremos enfocar la iniciativa actual de red
internacional de teatro.
Masivas no sólo por el gran número de espectadores que seamos capaces
de incluir en nuestros Clubs para ellos, sino también en la gran
cantidad de personas en tareas productivas, desde actores y
directores, hasta la tramoya.
Casi anónimas también en la medida en que la "fama", el "nombre", el
sistema de "estrellas" del espectáculo debe ceder terreno e
importancia frente a unos canales de distribución bien planificados
que permitan que compañías de otros lugares, a pesar de no tener la
"fama" requerida, puedan representar dignamente sus propuestas,
garantizando un mínimo de asistencia y un ejercicio económico
mínimamente rentable.
Se dijo más de una vez que el siglo dorado del teatro mundial fue el
XVII. Bueno, el siglo XVII fue especialmente importante porque el
"soporte teatro" fue el más adecuado para contar historias, se había
recuperado la tradición clásica y la trova y los vetustos cantares de
gesta ya no eran suficientes, mientras que la mayoría de la población
aún no sabía leer y los libros eran cosa sólo de las capas muy cultas
y pudientes. Ya el siglo XIX fue el siglo del "soporte novela", como
el XX lo fue del "soporte cine".
Y hay quien parece soñar aún en que esos tiempos vuelvan, mantenidos
mentalmente en un perenne atraso tecnológico. Y se olvidan entre
ensoñaciones que aquel fue el siglo de miles de cómicos de la legua
harapientos y robagallinas.
Olvídense, no volverán esos años "dorados". Pero, sobre todo, ¿quién
quiere seguir manteniendo la identificación "profesional del teatro =
muerto de hambre"?
El teatro en directo, carnal y presencial, volverá a tener un nuevo
esplendor dentro de unas décadas, cuando tecnológicamente muera por
fin el cine que conocemos y las peliculas de ficción hayan sustituido
a los actores-personas por actores-software modelados en 3D. Ese
proceso ya está en marcha y es imparable, y sólo se demorará unos años
más de lo previsible porque los cambios tecnológicos no se introducen en
la conciencia y hábito de las personas a la velocidad en que se
producen.
Aún así, mientras se mantengan los actuales obstáculos y cuellos de
botella de la actual jerarquía piramidal en la distribución teatral,
el 90% de los "teatreros" profesionales seguirán siendo lo que dije
más arriba.
Hay que romper esas pirámides y sustituirlas por redes horizontales.
Por ahora, ir creando las redes y envolviendo con ellas a las
pirámides.
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En ese entramado de redes, y abordando el tema de este artículo desde
otra óptica, hay que encontrar las más amplias conexiones y acuerdos
con otras redes sociales; casi podríamos decir que es la piedra
angular del edificio que estamos proponiendo. Pero eso merece un
tratamiento específico y lo dejamos para próximas entregas.
El Teatro Independiente siempre tuvo un problema elemental: el de su
propia definición (indefinición). ¿De qué es independiente el Teatro
Independiente?
Bueno, para eso hay que definir qué es el TI. Eso se hace en el
artículo correspondiente.
Desde sus raíces conceptuales, el Teatro sólo tiene una dependencia:
el Público. El Teatro depende del Público. Teatro sin Público NO ES
teatro.
¿Dónde está el Público? En la vida cotidiana, no existe. Son
ciudadanos individuales a los que hay que congregar y conseguir que
adopten la actitud de espectadores (al menos esa).
Se consigue de 3 maneras:
1.- en las "ceremonias" o "celebraciones"
2.- invocando la libre asistencia individual ("libre mercado", cuando nos
referimos a una sociedad basada en el intercambio de mercancias)
3.- en acuerdos "corporativos"
1.- Las "ceremonias" ya sabemos en qué consisten: pervivencias de épocas
donde el espíritu gregario del ser humano objetiva sus creencias de
cualquier tipo: festivas, religiosas, lúdicas.
Éstas tienen como característica central el no ser permanentes, sino
cíclicas, con amplios segmentos de tiempo entre una celebración y otra
del mismo tipo (anual con mucha frecuencia)
Si dicha celebración incluye algún tipo de puesta en escena teatral,
tenemos algunas garantías de que habrá cierta asistencia de público.
De hecho el Teatro Griego siempre fue eso: a nadie se le ocurrió tener
un teatro permanentemente abierto todo el año para presentar
actuaciones. Tanto las Tragedias como las Comedias se presentaban cada
una sólo una vez al año, en sus fiestas correspondientes.
2.- La invocación a la libre asistencia individual alcanza su plena
significación en la sociedad de mercado y está asociada claramente al
ascenso de la burguesía como clase. En las épocas estrictamente
feudales el teatro se hundió, apenas algunas celebraciones cortesanas
ocasionales y la visita muy ocasional más que de actores, rapsodas y
trovadores a alguna aldea.
Un teatro que apele a la libre asistencia individual requiere de
espacio escénico construido, cierta concentración de población y
capacidad adquisitiva en moneda corriente para la entrada al salón: es
decir condiciones de vida donde las relaciones burguesas y mercantiles
ya estén avanzadas.
Y en esas condiciones, cuando hablamos de grandes concentraciones
urbanas, es donde únicamente se pudo imaginar la existencia de teatros
abiertos permanentemente, ciudades como Londres, París, Madrid son las
que, a finales del XVI y sobre todo en el siglo XVII abanderaron ese
fenómeno.
Y esto tiene una implicación clara e inmediata: si no existe gran
concentración de masa humana, ninguna sala teatral podrá sobrevivir
abriendo sus puertas basándose exclusivamente en la libre asistencia
individual.
3.- Los acuerdos "corporativos" más comunes son los escolares y a
veces los empresariales. Es decir es común que se concierten ya sean
visitas de los alumnos al teatro o de las compañías a los centros de
enseñanza, lo que implica no la libre asistencia de los alumnos, sino
un acuerdo previo con los responsables académicos de éstos.
También hay teatros que conciertan acuerdos con empresas que llevarán
ocasionalmente a sus empleados, familiares y clientes a una función.
Sin embargo, cabrían acuerdos de tipo "corporativo" y mayor
envergadura que la mostrada hasta ahora con otra clase de
organizaciones con quienes los informes que poseo presentan en general
un panorama pobre: me refiero a los movimientos sociales de toda
índole.
Esa pobreza de resultados tiene su lógica:
- a los movimientos sociales en general les falta poder adquisitivo, por
lo que no se le puede hacer la misma oferta que a las empresas;
- a los movimientos sociales en general les falta capacidad de
conducción de sus socios, al menos en esos extremos: ellos no pueden
"imponer" la asistencia a una función, como si se tratara de los
alumnos de una escuela. A lo sumo se puede llegar a acuerdos para
descuentos y promociones, pero poco más.
¿Cómo articular una red teatral entendida como movimiento social con
el resto de redes sociales?
(Téngase en cuenta que las redes sociales contemporáneas tipo Software
Libre de las que hablo aquí y en otros artículos incluyen la
posibilidad de que parte de sus nodos sean negocios o empresas o
profesionales; no me refiero por tanto a que la red social teatral
tenga que estar constituida exclusivamente por teatros aficionados,
sino que caben perfectamente los profesionales, agrupados en cualquier
tipo de entidad, ya sea una productora, compañía profesional, etc.
Eso sí, éstos deberán saberse adaptar a esas condiciones, abriendo
posibilidades y esquemas mentales diferentes a otros tipos de
actividades más convencionales.)
Dudo mucho que esos enganches y articulaciones se puedan producir con
las prácticas habituales, que son:
- (sus socios vienen a nosotros) ofrecer descuentos a los asistentes
que pertenezcan a alguna sociedad: no deja de ser una oferta
comercial más; la relación es puramente mercantil; lo mismo
haríamos con cualquier grupo humano que pudiera ayudarnos a elevar
la audiencia.
- (nosotros vamos) participación en eventos organizados por la
sociedad en cuestión, ya sean lúdico-festivos, o reivindicativos,
etc.
- Otra vez lo mismo, a veces se le hace un descuento por ese
motivo, lo que nos mantiene en el mismo ámbito que el párrafo
anterior.
- Otras veces se actúa gratuitamente "por la causa"; eso
puede ser usual en el caso de algunos grupos aficionados, o que
quieran profesionalizarse y tengan que ir abriéndose camino, pero
cuando ya se estabilizan disminuyen al máximo el número de
actuaciones "benéficas" que realizan. Las siguientes
participaciones deben abonarse, y si la sociedad en cuestión no
alcanza económicamente, entonces pagará alguna institución o
patrocinador, así que éstas últimas suelen convertirse en nuestros
"clientes" y nuestra relación con la sociedad pasa a ser ocasional,
llegamos, actuamos y nos vamos.
Yo hablo, por tanto, de articulación "orgánica".
(hasta ahora he hablado basicamente desde la óptica y mentalidad de
profesional del teatro que cobro por mi trabajo artístico; ahora voy a
hacerlo rememorando mis años de aficionado o recordando aquellos casos
en los que fui contratado profesionalmente por alguna institución para
montar un grupo sin pretensiones profesionales).
- El ejemplo más común de un grupo "orgánicamente" articulado a un
movimiento, colectivo o entidad social es aquel en donde se
pertenece directamente. Hay muchísimos casos así: grupos teatrales
de asociaciones, que suelen ser extensiones artísticas o lúdicas o
recreativas o incluso formativas de la actividad central. Por lo
general son grupos aficionados cuya vida no afecta excesivamente a
la entidad; es decir que si desaparecen tras un ciclo breve
o medio de vida, la sociedad continúa sus labores. No deja de ser
cierto que algunas de estas agrupaciones teatrales han alcanzado
estabilidad a través de los años, e incluso una cierta solera y
reconocimiento en algunos casos. Pero no es lo común. Mantener una
compañía teatral es algo bien difícil. Estos grupos suelen tener
sus expectativas muy limitadas, que se agotan en su entorno
inmediato. Los componentes más aventajados suelen buscar nuevos
horizontes teatrales más amplios y terminan abandonando la
formación, que deberá reciclarse continuamente con personas con más
escasas expectativas o simplemente principiantes. Por otra parte,
la gente joven de la compañía, después de cubrir también un ciclo,
suele abandonarla en aras de sus estudios, trabajo, etc. con lo que
la compañía se va extinguiendo. No es, por tanto, un modelo de
agrupación teatral altamente representativa del movimiento teatral,
suele vivir al margen de éste.
- En ocasiones se ha producido el fenómeno de la "migración". Es
decir una compañía de ese tipo se resiste a ese futuro y quiere
progresar como entidad teatral. Son pocos los casos en los que las
sociedades madre posibilitan ese desarrollo, pues por lo común se
concreta en salir con frecuencia a actuar a otros lados, irse
despreocupando progresivamente de los deberes locales para
proyectarse más como compañía semi-profesionalizada, incluyendo el
cobro por actuar. Una compañía así vivirá una etapa intermedia y
con frecuencia terminará desgajándose del colectivo social que la
amamantó al principio.
- Siguiendo ésta última pauta, hay gente del teatro independiente,
incluso grupos, que cuando concertaron su creación o adopción por
una entidad social, ya tenían esas miras. Esto se produce porque,
aunque decíamos que la única dependencia esencial que tiene el
teatro es el público, lo cierto es que un grupo concreto tiene una
dependencia inmediata anterior: el local de ensayos. La gente del
teatro en eso hemos tenido que ir adaptándonos a lo que hubiera. Y
una sociedad con local puede ser un objetivo muy apetecible, si no
se dispone de otra cosa. Esos grupos desde el principio suelen
generar una actitud de alta concentración artística, pero también de
escasa preocupación por las labores de la sociedad y por satisfacer
sus necesidades, lo que nuevamente conduce a dos mundos paralelos,
una especie de larva embrionaria que sólo necesitaba el local hasta
el momento en que le salieran las alas de mariposa para emprender
vuelo.
Los casos 2 y 3 en el fondo son lo mismo, salvo en que en el último se
hizo con conciencia. El resultado inmediato es que tales compañías sí
suelen estar insertas en el movimiento teatral y por un tiempo incluso
llamar un poco la atención por el hecho de ser precisamente "modestos"
grupos adscritos a colectivos sociales. Pero a la larga, como
decimos, esa filiación suele perderse.
Y con ella también perdemos a su público específico, es decir a las
personas que asistían a las funciones precisamente porque el grupo era
de la sociedad, o del barrio, o del entorno inmediato al que se
sienten vinculadas. Quizás puedas llenar el salón de actuaciones con
ellas, pero por lo general no hay que forzar mucho las cosas: pocas
actuaciones al año, de lo contrario no te asistirán, pues una persona
no suele ir muchas veces a ver la misma obra y a un grupo le cuesta
mucho presentar novedades continuamente. Así que en total
lo normal es que nos estemos refiriendo a un número no excesivo de
público.
Si la sociedad en cuestión, además de tener locales para ensayar
dispone de sala para actuar (o se hizo todo en ésta última), entonces
también hemos perdido con frecuencia esos espacios.
Dos pérdidas a cambio de un avance; al principio los grupos suelen
sentirlo como liberación: público limitado; salas poco dotadas por lo
general... no valía la pena.
Visto cada caso en particular, puede que así sea, pero... ¿cual sería
el total de público del que perdimos el contacto "orgánico" si sumamos
todas las sociedades, clubes y colectivos? ¿Cuántos espacios
escénicos? ¿Cuántas salas de ensayos?
Construyamos una red que evite esas pérdidas, que refuerce el
compromiso con el teatro de los representantes de las sociedades y que
a la vez garantice el avance de los grupos, o al menos de sus
componentes más interesados.
Sólo se podrá conseguir si cada una de las partes se ubica mentalmente
como parte de redes más amplias que pactan y alcanzan acuerdos de un
nivel superior.
Ese entremado es complejo y en nuestro caso sólo alcanzamos a
proyectarlo teóricamente y a esbozarlo en la práctica con sendos
acuerdos con dos colectivos juveniles. Ambos disponían de local donde
podía ensayarse, en el caso de uno de ellos se trataba de un bar de
copas al que le agregamos un escenario para actuaciones.
Los acuerdos consistían en la creación de grupos de cada sociedad,
cuyos actores formaban parte de ésta o estaban dentro de su círculo de
amistades, dotaban de local y parcialmente de materiales.
El movimiento teatral y sus compañías superiores dotaban del resto de
recursos materiales, amén de dirección artística y supervisión
organizativa al conjunto de actividades teatrales, de tal modo que en
más de una ocasión las carencias de unos pudieron ser suplidas por los
otros. Se cumplía con las necesidades y requerimientos de las
sociedades "madrinas", pero por lo demás esos grupos pertenecían a
nuestro movimiento teatral.
Sin embargo, como digo, eso sólo alcanza a un primer esbozo práctico
de lo que era la idea más general, esbozo a todas luces insuficiente
si se considera la idea en sí.
jaypesant
Hola amigo horconbg:
Leo tu artículo sobre el teatro y los movimientos sociales, y encierras dentro de ella experiencias muy enriquecedoras respecto al trabajo en teatro, se que tienes una amplia y enriquecedora experiencia en ésta clase de temas, para seguir promoviendo y brindando un nuevo impulso al desarrollo del teatro y luego ser más masivo, extensivo y tenga más acogida dentro del público es una tarea bastante difícil pero no imposible de realizar.
Aquí en Perú, el teatro es visto quizás sólo por un 10% de nuestra sociedad, el 90% no le interesa, como el mundo del internet, la televisión, la aparición de nuevos juegos como los bingos, los juegos del azar son los más frecuentados, quizás talvez porque no se está analizando con más detenimiento las causas y los efectos para saber donde esta el problema, ejemplo en las organizaciones sociales como asociaciones de comerciantes, asentamientos humanos que ayudados por mi persona con algunos asesoramientos para su existencia y desarrollo, el teatro no es considerado como punto de agenda,puesto que si se le crea nuevas necesidades a la gente perteneciente a éstas organizaciones asi como de otras existentes por ejemplo, tranquilamente pueden elaborar un exitoso proyecto respecto al teatro.
Esperando seguir comentando tus artículos que seguramente más adelante me haras llegar, y deseándote el mayor de los éxitos en todo el 2008, me despido de ti.
Atentamente,
Jaime Pérez S